martes, 29 de septiembre de 2015

Semana 1 con la Thermomix

No, no, no y no. Casi siempre soy de las que pasan por todas las fases del proceso de decisión de compra del consumidor de forma intensiva. Sí, soy perfil tipo y nefasta en la cocina. Siempre tuve claro que no era de las que se gastaban 1.210 euros en una Thermomix porque sabía que jamás la iba a amortizar pero al parecer también soy perfil de persona a la que regalarle este tipo de instrumentos. Ahora me encuentro en la semana 1. En la fase que yo llamo "negación". Ya se fue la presentadora con su excelente pisto y su fácil manejo de los instrumentos ¿o habéis fijado que mientras cocinan van fregando para que luego no veas que se han manchado otras cosas? Son muy listas y eficaces!

Nuestro primer intento fue un brillantísimo pollo al chilindrón, tras descubrir que chilindrón no era fruta ni verdura ni cosa que se compra en el super, sino un tipo de guiso que por cierto nos quedó riquísimo entré en un proceso de enamoramiento que duró poco. Duró hasta el día siguiente. ¿Cómo que con la Thermomix no se pegan las cosas ¡mentira! Mis primera judías verdes se quedaron pegadas. ¿Cómo que es facilísimo y sólo tienes que seguir las instrucciones? Cuando sigues los discos que vienen si, pero cuando buscas por internet... ayyy, ahí tenemos el mayor hándicap, las señoras aspirantes a MasterChef que ponen en sus publicaciones " hornear al gusto" ¿"gusto" a cuánto tiempo y calor equivale? 

Esta es la prueba de que, al menos en la primera semana: Thermomix 1 - Silvia 0


(La carne, de un sospechoso color anaranjado, simplemente sabía raro y no se pudo comer)

martes, 14 de abril de 2015

Las canciones de la boda

¿Sabes esa sensación de cuando estás en una karaoke con tus amigas y ponen sobre tus manos EL LIBRO de las canciones? Eso de que empiezas a hacer la lista en tu cabeza con las letras que cantarás en tus dos minutos y medio de gloria, una canción te gusta mucho pero ya sabes que si la eliges te abuchearán (me pasó una vez con el gran Juan Pardo, ídolo de ídolos, y no pienso volver a permitirlo), y luego piensas en las que son para lucirte tú dentro del grupo (nunca lo intentéis por ejemplo con La Gota Fría, es dificilísima y si se canta entre 4... más!) ah y luego está mi amiga Meri que siempre canta la canción de la más grande y claro, con eso ya tienes al público entregao.

Pues eso mismo estoy sintiendo con la elección de las canciones de la boda. La máxima de Florentino, el director del sitio donde vamos a casarnos, es que no hagamos una boda solo para los novios, sino que impliquemos a los amigos y familiares en forma de incluir sus gustos y tradiciones en la celebración. Esto nos pasa con cosas como el champán, ni a Víctor ni a mi nos gusta y queríamos brindar con un cóctel específico pero al final nos ha convencido, es una tradición más, la del brindis, y como tal hay que tomarla. 

Pero, y ¿las canciones? La de la misa, las del cóctel, las del banquete, las de bailar y las de desfasar ¡es muy difícil! Todos sabemos cuál es la música que de verdad nos da subidón -en mi caso coincide con que es la que me pongo cuando me estoy maquillando para salir o cuando estoy rebuscando en el armario con qué modelito voy a dar el cante una noche- en ese momento te pones tu reggaeton o tu Manolo Escobar o tu Frank Sinatra, sin complejos, cada uno se pone lo que le sale del bolo y canta, porque si cantas es que te gusta de verdad
  • Y entonces piensas... ¿le gustará a los de mi pueblo la BSO de Twilight? No, todo lo que sea en inglés se sale de su hilo musical. 
  • ¿Le gustará a las mi de universidad Manolo Escobar o Rocío Durcal? Hombre pues tampoco, haberlas haylas pero que no es su música de cabecera. 
  • ¿Les gustará a los de mi trabajo las canciones de telenovelas? Pues menos, a poca gente por debajo de los 70 le gustan estas canciones Silvi... 

Igual que tampoco me entusiasman los himnos ancestrales de la OJE y se que en mi boda sonarán, y espero que bien alto :). En fin, que la única conclusión clara es que para que la boda tenga algo de mi, alguna de estas esferas musicales habrá que tocar, pero también la canción favorita de mi madre o amiga o la canción de bodas de alguna pareja cercana, todo para que este día se más especial si cabe aun y que la música nos haga sentir y nos sirva para recordar.

Por cierto, si tienes alguna recomendación... ¡soy todo oidos! A darle a esas teclas!!

sábado, 14 de febrero de 2015

20 de diciembre. EL DÍA

Llega un momento en la vida de toda chica... que es magia, que es puro amor, el momento ¡mi momento! mi tesorooooro
la declaración de amor
la pedida
el compromiso
yo lo llamo, finamente... el hincamiento

Por el amor de Dios, 
¿puede haber algo más romántico y único en este mundo que un hombre que se arrodilla frente una mujer para decirte, a corazón abierto: ¿quieres casarte conmigo??

Ay omá, casi me da un mareo. Como yo llevo cinco años pidiéndole a mi chico que se case conmigo, siempre que me hacía alguna broma yo ponía el pilotito de alerta (ese del: "es ahora!", "ahora es el momento!!", "ahora me lo va a pedir!!!") pero no. A Víctor siempre le gustó llevar las riendas y sabía que cuando lo hiciera se lo iba a currar, pero sin público y sin mariconadas. Después del cine me llevó al lugar donde tuvimos nuestra primera cita, él tenía las manos frías y yo iba monísima de la muerte (no me esperaba la caminata que luego tuve). Llegó el momento de la gallardía, rodilla izquierda a tierra, mano derecha al bolsillo y sensación de nudo en la garganta, los dos solos al atardecer en la silla de Felipe II, tras una declaración de amor y de vida llega el SÍ, QUIERO. Y ahí empieza todo, mejor dicho continúa, quien me conoce sabe que me chiflan las bodas, mis amigas cuando escucharon la noticia empezaron a temblar pesando que iba a ser la típica novia pesada (creo que no lo estoy siendo!) y aunque es cierto que llego sobrecargadita de información, lo bueno es que me lo estoy pasando pipa.

Y esas ya... fueron unas mejores Navidades.

lunes, 12 de enero de 2015

Mi historia con la lavadora

Uno de los grandes inventos que pone la tecnología al servicio de la calidad de vida de la mujer moderna es la lavadora. Mi gran enemiga es, también, la lavadora. 

¿Qué nos pasa? No lo se, una situación cotidiana y aparentemente absurda ha llegado incluso a crearme desde un complejo hasta discusiones de pareja ¿por qué he de sufrir desencuentros sentimentales porque este cachivache no se entienda con mi persona? 

He llegado a pensar que quizás el problema lo tenga yo y lo primero que hice en este piso fue invertir en la solución del problema: me compré Ariel. Huir de la marca blanca parecía el atajo fácil al problema de mi maltratado fondo de armario -de las camisas del pariente mejor ni hablamos- pero fue un parche temporal. Entonces empecé a fijarme, como buena consumidora del siglo XXI que soy, y comencé mi investigación, amigas, foros femeninos y, por último, anuncios de la tele. Y entonces lo vi claro y en mi mente apareció él: el payaso Micolor.
¡Adios al separar! decía el payaso feliz.

Ni una gota más de publicidad engañosa, dije yo. Y, ¿sabéis qué? Funciona!
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