domingo, 9 de noviembre de 2014

Barajas y El Gordo: dos momentos que me hacen llorar

Hay dos cosas que me emocionan hasta llevarme a las lágrimas casi de ipso facto: los abrazos de la apertura de puertas de los aeropuertos y los telediarios del día de El Gordo

El 22 de diciembre los niños de San Ildefonso dan el do de pecho para ser los portavoces de la suerte nacional y no hay año que no llore de la emoción, ya no tanto por esos que dicen que van a tapar agujeros o pagar hipotecas, es por esos que cumplen los sueños compartidos de todos, que te hacen pensar: bueno, se puede. ¡Bien por ellos!

Un martes de primeros de noviembre la rutina de otros años: me acerco a la cola con las peticiones varias. Mi madre, que quiere su numero, y para mi tia, y para la Chilin... y su madre y su suegra, y la mía. En Doña Manolita no te dejan pagar con tarjeta, así que todos nos vamos con nuestros "fajos de billetes" a comprar fajos de ilusión y esperanza. Como los minutos van pasando, vas cogiendo confianza. El de delante te dice que va a sacar más dinero porque le va a comprar el mismo número a su hermana, que le guarde la vez. La de atrás tiene reservado un número especial: la fecha de su boda (menos mal, en esta administración al menos tienes que hacer tu reserva desde julio y por lo que dicen, el 15 y el 7 son las primeras terminaciones que se han agotado este año). Dos desconocidos, hombre y mujer, hablan de sus vidas, ella lleva en paro dos meses y él le dice que aunque es empresario, también lo tiene "fastidiao". Ella le dice que lo mejor de su vida es su hija, que si tiene trabajo, en Sephora, y que viene sólo a por un número, el del día del ERE.


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